sábado, 4 de abril de 2015

El mar y yo






También me gusta mecerme
entre el rumor del vaivén
del sonido espumoso de las olas
y ese infinito horizonte nocturno
del marco incomparablemente bello de las estrellas
y esta luna de luz nívea   de viernes Santo que todo lo llena.

Quizás es el destello de nuestra misma esencia etérea
la que mueve los plateados hilos del destino
 el que de todo nos revela y por todo nos vela.

Quien sabe
lo diminuto que puedo llegar a sentirme ante tanta grandeza,
que mis penas se quedan chiquitas
ante este muro de azul oscuro y plateados desvelos.

Hasta el rumor de la brisa
parece susurrarme su pensamiento
al besarme en mis entresueños.

Quizás este siempre ha sido mi espejo.
Mi alma del cielo.
Mi muro del desconsuelo.
Mi papel ardiendo.
Donde las palabras pierden todo su vuelo
y se vuelcan en la arena todos y cada uno de mis desvelos.

Pierdo mi ser frente a su estela
al viento nocturno de mi vela.

Mi barca ya surca los últimos aledaños de la vida
y apenas aun vislumbra el final de su orilla.

Eres mar.
Eres azul.
Eres muro de libertad y consuelo.
Eres fiel a mis pensamientos
y siempre que te busco te tengo.

Qué más puedo pedirte
que no sea un último verso de tu beso.
Tu último beso.
Tu último consejo.
Tu última noche lejos del cielo.
Tu último abrazo eterno.
Nada.
Apenas nada mas quiero.

Tan solo la mano,
el abrazo
y el último beso
de aquella a quien ame y me quiera amar.

2 comentarios:

maduixeta dijo...

La inmensidad del mar nos hace sentir pequeños...... pero tu poema es grande y bello, como el mar.

una lluvia de besos

C. Lucía dijo...

La grandeza del mar y de tus letras nos mecen suavemente en tu poema.

Siempre me ha parecido, cuando me he sentado al lado del mar,que tiene un lenguje especial para cada uno de nosotros y que va directo al fondo del alma..., a lo más profundo de nuestros sentimientos.

¡¡Me ha encantado!!

Mil y un beso, querido Carver :-)