Urgen las estrellas en su abismo
el signo de la tierra del mas allá,
donde el corazón que fluye presencias
espera de las nubes un suave viento
que le acaricie el alma soñada
y la envuelva en un halo de olvido
que le devuelva la nívea serenidad.
Ensordecen los tiempos del universo
al verla pasar y le dan la mano
para con las semillas del ánima
ofrecer una orilla de corazones
donde fondear al alba del alma
esa nueva vida que alienta renovar.
Silenciaste tú a mi lado
y amé tu silencioso andar,
abrí mi corazón de cristal
donde guardaba una rosa para ti,
una que germine en tu mano
un valle de prodigiosas armonías
y azules reflejos sobre auroras
mecen sus tibias aguas
entre lágrimas de júbilo
y añoranzas sedientos de paz.
Aun cuando manen los tiempos
y el cielo nunca más se vierta,
en sus ojos desea peregrinar
una dulce lágrima de quietud
que empapara su alma de mar,
para diluir el dolor subyugado
de la mano de una letanía
que sin olvido la haga virar.
Sentir el vibrar de la hermosura
de una mirada celeste abatida,
en algún lugar descubra una sonrisa
que en mi mirada puerto hallará y
atesorará manos que surcaran juntas
las olas del eterno amar.
Olas de blanco susurrar
que sólo quien las sabe escuchar
las sabe pensar, las sabe estrechar
y deja el alma en vela henchida
de impetuosa ilusión
en amor de amistad.




