domingo, 23 de diciembre de 2018

Y es que...







Y es que…,
las copas de los árboles
se tiñen de azul,

las coronas de las flores
revestidas de blanco frío,
alumbran la noche
con el resplandor de la luna.

Y es que…,
apenas despierto
ya aúllan las palabras ajenas,
llenas de piedras
como si fueran el camino.


Y a pesar de los recovecos,
de los cantares mudos,
de las estrellas apagadas
cuando llega la Navidad…,

todo se desvanece
y surge de nuevo la magia,
un tanto forzada y extraña,
pero desteñida de la tristeza
que al anochecer me embarga.


Y es que…,
quiero ser libre de los barrotes carnales,
ser luminaria de dorados belenes
y traer de nuevo
quizás como de vuelta,
la esperanza de un apócrifo reencuentro,

que aunque sé, que nunca llegará,
nunca pierdo la mirada de la esperanza.

Y sonrío,
porque a pesar de todo,
al final del camino,
allí estarás tú,
mi alma
yo,
tu alma.

Y ni la luna,
ni el sol de medianoche,
dejará impune
aquel muro
que nos cobijó
cuando el amor aún era de vida.

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